Miro hacia atrás y puedo verme a mí misma, encontrándote. Quisiera poder decirme que es muy peligroso lo que está por suceder, pero no puede ser así.
Entonces estabas frente a mí, me cegaste. No sé si fue cuestión de tiempo o de suerte que eso sucediera. Hablo de tiempo porque siempre estuviste ahí y de suerte porque no la tuve. Son muy pocos lo momentos los que provocan una inmensa felicidad, que emerge por los ojos y fuiste uno; un momento que tenía la necesidad de repetir una y otra vez, llenando vacíos que no sabía que existían, pero sobre todo forjabas una valentía en mí para seguir. Es curioso que me volviste fuerte siendo tú mi debilidad. No se trata de complementos, almas gemelas ni mismos caminos, sino de la persona que, con estar, bastaba. Fuera un jueves frío por la noche o lunes cálido a medio día, un encuentro contigo era más que eso, era coexistir.
Redacto en verano, pensando en el otoño que te perdí la pista. Fuiste un momento que sucedió, en el tiempo y la manera que tuvo que ser, pero no está de más decir que sin duda volvería a arriesgarme a encontrarte y en un invierno de ti volver a escribir.